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Image courtesy of [artu84 / FreeDigitalPhotos.net

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Cuando uno atiende a las apariencias externas se está dejando llevar exclusivamente por el nombre y forma, por lo que se percibe del mundo sensual. En este punto los afectos y las aversiones están condicionados únicamente por nuestras predisposiciones naturales hacia la naturaleza externa de los objetos. Esto quiere decir que si conocemos a alguien y físicamente nos resulta atractivo, nos sentiremos naturalmente atraidos hacia esa persona.

 

Pero durante la primera fracción de segundo, durante los primeros instantes en los que hablamos con una persona, las conceptuaciones harán su trabajo y realizarán un primer esbozo de la personalidad que hay detrás de ese físico.

 

 

En ese primer filtro conceptual se vierten nuestros heurísticos aprendidos durante la vida. Si al poco tiempo de conocer a esa chica descubrimos que es una persona interesada por la lectura, nuestros heurísticos mentales lo asociarán con una persona introvertida, con determinados intereses e inquietudes etc. Esta primera evaluación provisional afectará al esquema de atracción – rechazo modulándolo. Si nos atraen las personas reservadas, esa chica que ya nos parecía atractiva nos resultará más atrayente. Si por el contrario estamos más predispuestos a personas activas o extrovertidas, esa atracción se reducirá.

 

A medida que conocemos a una persona, nuestros esquemas mentales median en la respuesta original de atracción – rechazo, de manera que potenciarán o equilibrarán la respuesta inconsciente original.

 

Puesto que cada factor tiene una importancia diferente en cada persona, es sumamente difícil conocer de antemano cuál va a ser la respuesta que vamos a tener en un momento dado ante una persona concreta. Hay que pensar que no todos damos el mismo valor a los mismos factores (belleza física, intereses, sociabilidad, etc), ni damos el mismo valor a los elementos que hay dentro de cada factor (rubia/morena en el factor físico, lectura/deportes en el de intereses, extrovertida/introvertida en el factor sociabilidad, etc.), ni mantenemos un valor constante a lo largo del tiempo (si nos encontramos más deprimidos puede que el factor sociabildiad prevalezca ante el de físico, pero si nuestra pareja actual cumple con todos los requisitos físicos, quizá el de intereses sea el que prevalezca).

 

Ni siquiera es posible hacer una lista completa de factores y elementos. Cada uno de nosotros puede tener un listado de factores y elementos distintos y quizá la misma composición de ese listado esté influido por aspectos biológicos sutiles o aparentemente inconexos. Puede que, como genéticamente nuestro oído esté formado de una manera concreta, en nuestro listado personal de factores se encuentre determinado timbre de la voz en lugar del olor, mientras que en personas que tengan un olfato más desarrollado el tema del olor sea más importante.

 

Si esto ya es complicado de por sí, pensemos que este tipo de recorrido suele ocurrir en nuestro inconsciente, o más bien, en parcelas cognitivas que no solemos utilizar. En el día a día estamos más preocupados por responder a los pensamientos que surgen en la conciencia y, sobre este tema, lo que surge en la conciencia es el resultado de todo el proceso que acabamos de describir. Por tanto, en nuestro día a día, cuando conocemos a alguien por primera vez, lo que surge como pensamiento es el resultado final de un proceso largo y complejo de respuestas de atracción-rechazo-indiferencia que cristaliza en un pensamiento tipo “me cae bien fulanito” o en una emoción de enamoramiento ante menganita.

 

Si realizamos una práctica de meditación más vipassana en la que se realiza un análisis desde un estado de lucidez y ecuanimidad, podremos observar mejor cómo estos mecanismos funcionan en nosotros, haciendo más conscientes los mecanismos que subyacen en nuestra relación con los demás. De esta forma, podremos ver qué mecanismos actúan en nosotros, es decir, cuáles son los factores a los que damos más importancia y los elementos y sus valencias en cada momento.

 

Otra cosa es que seamos capaces de evitar su influjo, aunque el hecho de querer escapar a este influjo puede ser en sí mismo un tema de debate.

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