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Existe una distincion interesante entre sufrimiento y dolor. Mientras que el dolor es parte integrante de la vida, el sufrimiento no lo es. El dolor puede ocurrir a nivel sensorial y es primario a un estimulo externo. El sufrimiento ocurre en nuestra mente de manera secundaria al dolor. Cuando nos pinchamos con una aguja surge el dolor, cuando nos llamamos “torpes” por ello, estamos generando sufrimiento.


Es, como a Santiago le gusta decir, “un sombrero que nos ponemos encima de otro sombrero“. Ya sentimos el dolor del pinchazo, ¿qué ganamos diciéndonos que somos torpes?
La respuesta, evidentemente, carece de importancia en este blog. Cada uno debe buscar los sombreros que habitualmente se pone (de manera casi automatica, la gran mayoria), y observar a qué obedecen. Pero en este sentido, todos actuamos un poco como el sombrerero loco de “Alicia en el pais de las maravillas“, moviéndonos por impulsos, programas inconscientes que aprendimos hace tiempo, y colocándonos sombreros encima de sombreros encima de sombreros. Al final, tanta carga pesa demasiado en la cabeza y nos impide ver el sol.

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