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En este artículo de El Confidencial, José Antonio Marina hablaba de la diferencia entre motivación y voluntad. Decía Marina que hemos pasado de una sociedad en la que se valora lo que se realiza por la fuerza de voluntad a otra en la que el motor fundamental es la motivación.

Desde mi punto de vista, la motivación estaría relacionada con el mundo emocional, con el querer, mientras que la voluntad tendría que ver con el mundo racional, con el deber.

hearts by Barbtrek on Flickr

Actualmente, como denuncia Marina, todo se mide por la motivación. Doy fe, ya que en mi experiencia dentro del mundo de los Recursos Humanos es difícil (por no decir imposible) encontrar literatura relacionada con el deber o la fuerza de voluntad. Todos los discursos, técnicas y modelos están centrados en la motivación. Parece que se ha generalizado una dicotomía entre el ángel de la motivación y el demonio del deber, como si la cultura del esfuerzo estuviera relacionada con el látigo y por tanto debiera desaparecer.

Cuando leo o escucho sobre motivación todo está centrado en lograr que la persona quiera hacer algo concreto. Si estamos en el mundo de la empresa, se motiva al empleado para que quiera permanecer en ella, quiera dar lo mejor de sí mismo. “To walk the extra mile” que dicen los ingleses. Si estamos en el entorno educativo, es importante motivar a los alumnos para que retengan más y obtengan mayores resultados académicos. Cuando algo les gusta, los resultados, tanto de alumnos como de equipos de trabajo como de individuos, son mejores.

No quiero entrar en si esto es cierto o no porque este no es un blog de Recursos Humanos. Lo que me llama la atención son las palabras que se utilizan en los discursos acerca de la motivación: querer, gustar, atraer, desear, suelen ser los verbos típicos que tienen que ver con las teorías motivacionales.

Originalmente, la motivación trataba de necesidades insatisfechas que hacían que nos pusiéramos en movimiento (etimológicamente, motivar es poner en movimiento) para resolver esa insatisfacción. Por el contrario, la voluntad tendría más relación con un sentido del deber que interiorizamos y ponemos en marcha independientemente de nuestras apetencias.

Curiosamente, vivimos en una época en la que la motivación se ha impuesto en toda la cultura, que genera sensaciones de insatisfacción para que compremos diferentes productos o servicios. Desde hace tiempo se apela a nuestras emociones en la publicidad, en política, en la empresa, en el colegio como las palancas fundamentales para hacer las cosas. En cierto modo nos generan deseos que tenemos que lograr.

Lo curioso es que después de bastantes años con este modelo, (y quizás la crisis haya tenido también su papel) ha emergido con fuerza un movimiento de mindfulness en cuya base está la doctrina budista de no rendirse al deseo. ¿Y cuál es la estrategia fundamental del mindfulness? Entrenar la voluntad.

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